En este breve texto pretendo situar una reflexión hacia las resistencias que genera Carmen Arriagada en sus cartas amorosas a Mauricio Rugendads, frente a al retrato que este le realiza .

"El cuerpo, maldito no más" Carmen Arriagada.
Carmen Arriagada, mujer de la elite chilena del siglo XIX, "ansiosa de aventuras
modernas", se ve atrapada en una Talca colionizante. Su única vía de escape se genera con la escritura a su amado Rugendas, pintor romántico alemán, con quien mantiene una apasionada correspondencia.
Es en 1835, cuando en uno de los pocos encuentros entre ambos, cuando Rugendas le realiza un retrato. De negro, románticamente moderna, sobria, absolutamente limpia, clara, pasiva en su mirada de reojo, única, una mujer moderna que no esta en ninguna parte mas que en ese eterno que es un retrato, una mujer moderna que sede su cuerpo a la higienización del pintor.
El retrato emplea claramente las categorias otorgadas por la modernidad hegemónica, un orden s
imbólico en donde la palabra representativa, el poder de textualizar el cuerpo, es exclusiva del hombre (blanco, europeo). Pero esta representación li
mpia del cuerpo de Carmen, se tensiona en las cartas que esta le envía. Textos que la crítica generalmente a omitido a la hora de pensar el siglo XIX y la modernidad, o que se ha encargado de de investirla de una feminidad histérica ( me refiero a la lectura propuesta por el historiador chileno Oscar Pinochet de la Barra)
En sus cartas el cuerpo se manifiesta extraño a lo moderno, más que excluido, el cuerpo de Carmen reclama la incapacidad de la modernidad, con su lógica higiénica - positivista, de satisfacerla "el siste
ma del doctor Gall es falso, mi cabeza es un comprobante; nada de lo que indica existe" reclama Carmen. Su cuerpo siempre enfermo "las enfermedades tienen mucho poder sobre mi", siempre aburrido "me levanto a las ocho y me acuesto a las ocho y media", se exluye de las acciones de la sociedad "mis ideas son las de una persona que desprecia profundamente la especie humana".
Se puede afirmar que el único refugio de Carmen sería su relación epistolar con Rugendas, es ahi donde su cuerpo se sana de la modernidad, es ahí donde su enfermiza voz encuentra un lugar"he escrito más de que lo creí poder hacer, estaba tan abatida al principio de mi carta! Pero habl
ando con mi querido se disipan siempre mispenas".
Rugendas al realizar el retrato, parece olvidar la voz de Carmen al escenificar en esta una san(t)idad inusitada. Debe ser la fuerza simbólica ilustrada masculina que lo atrapa, y que lo limita a prescribir mas que a describir a Carmen. Las cartas de Carmen y el cuadro realizado por Rugendas, evidencian asi la tensión, la disputa por la representación del cuerpo femenino moderno, una disputa que evidencia que el cuerpo es un significamte a construir, un campo de batalla en el que se evidencia (por lo menos en este caso) el transitar de discursos y no una prescripción absoluta, una fuga y no una trampa.


"El cuerpo, maldito no más" Carmen Arriagada.
Carmen Arriagada, mujer de la elite chilena del siglo XIX, "ansiosa de aventuras
modernas", se ve atrapada en una Talca colionizante. Su única vía de escape se genera con la escritura a su amado Rugendas, pintor romántico alemán, con quien mantiene una apasionada correspondencia.Es en 1835, cuando en uno de los pocos encuentros entre ambos, cuando Rugendas le realiza un retrato. De negro, románticamente moderna, sobria, absolutamente limpia, clara, pasiva en su mirada de reojo, única, una mujer moderna que no esta en ninguna parte mas que en ese eterno que es un retrato, una mujer moderna que sede su cuerpo a la higienización del pintor.
El retrato emplea claramente las categorias otorgadas por la modernidad hegemónica, un orden s
imbólico en donde la palabra representativa, el poder de textualizar el cuerpo, es exclusiva del hombre (blanco, europeo). Pero esta representación li
mpia del cuerpo de Carmen, se tensiona en las cartas que esta le envía. Textos que la crítica generalmente a omitido a la hora de pensar el siglo XIX y la modernidad, o que se ha encargado de de investirla de una feminidad histérica ( me refiero a la lectura propuesta por el historiador chileno Oscar Pinochet de la Barra)
En sus cartas el cuerpo se manifiesta extraño a lo moderno, más que excluido, el cuerpo de Carmen reclama la incapacidad de la modernidad, con su lógica higiénica - positivista, de satisfacerla "el siste
ma del doctor Gall es falso, mi cabeza es un comprobante; nada de lo que indica existe" reclama Carmen. Su cuerpo siempre enfermo "las enfermedades tienen mucho poder sobre mi", siempre aburrido "me levanto a las ocho y me acuesto a las ocho y media", se exluye de las acciones de la sociedad "mis ideas son las de una persona que desprecia profundamente la especie humana".Se puede afirmar que el único refugio de Carmen sería su relación epistolar con Rugendas, es ahi donde su cuerpo se sana de la modernidad, es ahí donde su enfermiza voz encuentra un lugar"he escrito más de que lo creí poder hacer, estaba tan abatida al principio de mi carta! Pero habl
ando con mi querido se disipan siempre mispenas".Rugendas al realizar el retrato, parece olvidar la voz de Carmen al escenificar en esta una san(t)idad inusitada. Debe ser la fuerza simbólica ilustrada masculina que lo atrapa, y que lo limita a prescribir mas que a describir a Carmen. Las cartas de Carmen y el cuadro realizado por Rugendas, evidencian asi la tensión, la disputa por la representación del cuerpo femenino moderno, una disputa que evidencia que el cuerpo es un significamte a construir, un campo de batalla en el que se evidencia (por lo menos en este caso) el transitar de discursos y no una prescripción absoluta, una fuga y no una trampa.
